viernes, 23 de octubre de 2015

COLOMBIA, EL PAÍS DE LOS UNOS Y LOS OTROS

COLOMBIA, EL PAÍS DE LOS UNOS Y LOS OTROS
(Miradas del postconflicto)


 Foto tomada de unidad popular.over-blog.es

Un día cualquiera, hace unas décadas en este país, “los unos” consideraron que el estado no era justo y que amenazaba todos sus derechos, y decidieron tomar las armas y litigar con sangre y balas esos derechos; ante ello, el estado reaccionó con tibieza, cantinflescamente como cuando las cosas interesan pero a la vez no,  y generó el caldo de cultivo para que germinarán de las entrañas de la tierra los otros, bajo una mirada displicente del mismo estado que con el tiempo terminaría siendo tristemente permisiva. 50 años de dolor y muerte justificaron macabramente el rojo en la bandera, heridas que aún no sanan de un lado y del otro, donde los muertos los han puesto, precisamente, esos pobres por los que se decía pelear.

La guerra, sobra decirlo, ha sido larga, injusta y sucia (todas lo son), nadie gana una guerra, ella siempre deslegitimiza nuestra valía de humanidad, nos degrada y nos coloca en el triste nivel de las especies inferiores y quizás peor; finalmente no existe diferencia entre un victimario de izquierda y uno de derecha, a no ser la mano con la que disparan.

El problema se hace más agudo cuando los demás, y esto atañe de una u otra manera al resto de la sociedad, comienzan a tomar, directa o indirectamente, partido a favor de los unos o los otros, ya sea por simpatía, por coincidencias ideológicas, por sesgos, por permisividad e incluso por indiferencia, porque el me "importaunculismo" que se hizo tan común en  esos días también es una forma de tomar partido; y resultó de todo ello la sociedad que tenemos hoy: polarizada y polarizante, estúpidamente excluyente y preñada de odios, yuxtapuesta al perdón y nada resilientes.  Un modo de ser que se arraigó y se hizo cultura y comenzamos a experimentar todos,  en el país de los unos y los otros, una competencia insana, desvalorizante que atropella la dignidad del ser humano en su máxima expresión y que se hace evidente en todos los contextos, incluso, hasta en los más triviales como en ser hincha de uno u otro equipo, en ser de uno u otro partido político, en ser de una u otra región, en tener uno u otro color de piel,  en profesar una u otra religión, en pertenecer a uno u otro estrato socio-económico, en vestir de una u otra forma, en vivir y expresar la sexualidad de una u otra manera, en pensar y expresar una cosa u la otra. Una sociedad en donde priman más las antipatías que las simpatías, en donde las diferencias se hacen a veces abismales e intolerables y las coincidencias poco estimadas. Esa es la sociedad que, flagelada por otras dolencias de mucha consideración como la corrupción y la falta de solidaridad, se prepara para edificar la paz, para asumir el postconflicto y el fin de las balas y de la guerra (hasta donde permita la voluntad de los  implicados).

No es tarea fácil la que espera: mientras sigamos mirándonos como los unos y los otros, asumiendo posiciones estúpidas, concentrándonos más en las diferencias que en los puntos comunes; mientras no nos abramos al perdón, curador y definitivo y empecemos a mirarnos como “todos”, como un nosotros, del mismo lado, jalonando la misma cuerda, asumiendo el rol de civilizados en nivel avanzado, nos demandará mucho más tiempo y esfuerzo alcanzar la convivencia deseada. Finalmente es preciso leernos como el efecto de una sociedad que se estructura y reestructura en busca de sus ideales. La humanización de la convivencia en su reto posible, en la medida que dejamos de ser los unos y los otros y nos convirtamos en un nosotros, en un "todos", único y definitivo.



Domingo Espitia P.

Santa Cruz de Lorica, octubre 23 de 2015

2 comentarios:

  1. Agradezco cualquier comentario al respecto en este sitio o al correo dynfever@gmail.com

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    Gracias.

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