domingo, 28 de abril de 2013

DE LATINOAMERICA, INTEGRACIÓN Y OTROS DESENCUENTROS


DE LATINO AMÉRICA, INTEGRACIÓN Y OTROS DESENCUENTROS.


Latino-américa ha experimentado unas épocas y situaciones sociopolíticas muy marcadas y quizás diferentes a las de otros continentes, incluso desde la colonización, donde comenzó el atropello a nuestras civilizaciones, a nuestra cultura, a nuestras concepciones sociales y políticas.  Ese encuentro de dos mundos terminaría convirtiéndose en un desafortunado acto de barbarie, que tal vez marcaría el destino desigual de nuestros  pueblos.

Hemos vivido en nuestro continente etapas socio-políticas transitorias y radicales que no han permitido la consolidación de un sistema que propicie el desarrollo y la integración latinoamericana.  Latinoamérica ha ido históricamente a la deriva, oscilando entre radicalismos de izquierda y de derecha.  Por la década de los cincuenta se comenzó a gestar la revolución cubana, a la luz de los principios comunistas, que sería inspiración más tarde para que otros países intentaran movimientos parecidos.  En otro momento histórico Latinoamérica estuvo plagada de dictaduras militares que constituyen una de las épocas más grises de la historia latinoamericana.  Posterior a ello las propuestas democráticas terminaron derrocando el poder de los militares, pero se cayó en el turbulento destino de los gobiernos neoliberales que terminaron vendiendo nuestros recursos a monopolios extranjeros.  La lucha sociopolítica y económica de Latinoamérica en la actualidad está dada entre propuestas progresistas con un alto contenido social y propuestas con cierta tendencia hacia el centro o la derecha.

Nuestro enfoque de esta situación latinoamericana apunta hacia la percepción de que después de cinco o más décadas seguimos igual  y la reconciliación o la puesta en común de las propuestas de gobierno parecieran realmente imposibles.  El problema de Latinoamérica es el problema del mundo, que básicamente radica en encontrar un sistema de gobierno social y político “ideal” que en  esencia es la utopía de toda la humanidad.  Tal como está planteado la democracia pareciera ser el menos malo de los sistemas, dado que es como una barca que evita que nos hundamos pero con la que terminamos irremediablemente con los pies mojados.

No existe una fórmula mágica, aparentemente, que  permita la integración ideal de los pueblos latinoamericanos, tal como lo hemos planteado en el punto anterior, por la sencilla razón de que no hemos sido capaces de entender  que tal integración tiene que ser construida desde las diferencias y con un sentido altamente cooperativo y colaborativo.  La absurda pretensión de alinear del mismo lado a todos los gobiernos no tiene cabida en un continente que es  diverso en medio de lo común, digamos que una propuesta clara sería  partir de los consensos, por ejemplo el elemento social pero en un marco de respeto y construcción colectiva donde no se afecten a unos por beneficiar a otros, puesto que un país donde se gobierna para unos y se excluye al resto está condenado al fracaso.

De otro lado,  no es sano concebir la integración como una coincidencia plena de posiciones políticas, sino más bien como un entendimiento consciente de las diferencias que permitan generar acuerdos y encontrar rutas comunes.  Un entendimiento producto de reconocernos y reconocer al otro.

Integración no debe ser sinónimo de sumisión de ningún tipo ni ideológica, ni económica, ni religiosa, ni social, ni política.  No debe estar concebida tampoco como una relación mutualista o parásita sino como un ejercicio de libre cooperación “a pesar de”.  Tal vez tener monedas comunes, suprimir las fronteras, adoctrinamiento masivo de las masas no  garanticen la integración y el desarrollo de todos los pueblos, y en este orden de ideas Europa debería ser nuestro espejo.


Domingo Espitia P.
Escritor, docente e investigador.