DE LATINO AMÉRICA, INTEGRACIÓN Y OTROS DESENCUENTROS.
Latino-américa ha experimentado unas épocas y situaciones sociopolíticas muy marcadas y quizás
diferentes a las de otros continentes, incluso desde la colonización, donde
comenzó el atropello a nuestras civilizaciones, a nuestra cultura, a nuestras
concepciones sociales y políticas. Ese
encuentro de dos mundos terminaría convirtiéndose en un desafortunado acto de
barbarie, que tal vez marcaría el destino desigual de nuestros pueblos.
Hemos
vivido en nuestro continente etapas socio-políticas transitorias y radicales
que no han permitido la consolidación de un sistema que propicie el desarrollo
y la integración latinoamericana.
Latinoamérica ha ido históricamente a la deriva, oscilando entre
radicalismos de izquierda y de derecha.
Por la década de los cincuenta se comenzó a gestar la revolución cubana,
a la luz de los principios comunistas, que sería inspiración más tarde para que
otros países intentaran movimientos parecidos.
En otro momento histórico Latinoamérica estuvo plagada de dictaduras
militares que constituyen una de las épocas más grises de la historia
latinoamericana. Posterior a ello las
propuestas democráticas terminaron derrocando el poder de los militares, pero
se cayó en el turbulento destino de los gobiernos neoliberales que terminaron
vendiendo nuestros recursos a monopolios extranjeros. La lucha sociopolítica y económica de Latinoamérica
en la actualidad está dada entre propuestas progresistas con un alto contenido
social y propuestas con cierta tendencia hacia el centro o la derecha.
Nuestro
enfoque de esta situación latinoamericana apunta hacia la percepción de que
después de cinco o más décadas seguimos igual
y la reconciliación o la puesta en común de las propuestas de gobierno
parecieran realmente imposibles. El
problema de Latinoamérica es el problema del mundo, que básicamente radica en
encontrar un sistema de gobierno social y político “ideal” que en esencia
es la utopía de toda la humanidad. Tal
como está planteado la democracia pareciera ser el menos malo de los sistemas,
dado que es como una barca que evita que nos hundamos pero con la que
terminamos irremediablemente con los pies mojados.
No existe una fórmula mágica, aparentemente, que permita la integración ideal de los pueblos
latinoamericanos, tal como lo hemos planteado en el punto anterior, por la
sencilla razón de que no hemos sido capaces de entender que tal integración tiene que ser construida
desde las diferencias y con un sentido altamente cooperativo y
colaborativo. La absurda pretensión de
alinear del mismo lado a todos los gobiernos no tiene cabida en un continente que
es diverso en medio de lo común, digamos
que una propuesta clara sería partir de
los consensos, por ejemplo el elemento social pero en un marco de respeto y
construcción colectiva donde no se afecten a unos por beneficiar a otros,
puesto que un país donde se gobierna para unos y se excluye al resto está
condenado al fracaso.
De otro lado, no es sano concebir la integración como una
coincidencia plena de posiciones políticas, sino más bien como un entendimiento
consciente de las diferencias que permitan generar acuerdos y encontrar rutas
comunes. Un entendimiento producto de
reconocernos y reconocer al otro.
Integración no debe ser sinónimo de sumisión de ningún
tipo ni ideológica, ni económica, ni religiosa, ni social, ni política. No debe estar concebida tampoco como una
relación mutualista o parásita sino como un ejercicio de libre cooperación “a
pesar de”. Tal vez tener monedas
comunes, suprimir las fronteras, adoctrinamiento masivo de las masas no garanticen la integración y el desarrollo de todos los pueblos, y en este orden de
ideas Europa debería ser nuestro espejo.
Domingo Espitia P.
Escritor, docente e investigador.